El juego también es una forma de aprender

Jugar no es solo divertirse. Durante el juego, los niños descubren, experimentan y desarrollan habilidades que los acompañarán durante toda su vida.

Jugar es mucho más que pasar el tiempo

Cuando vemos a un bebé agitando un sonajero, a un niño construyendo una torre de bloques o a dos pequeños inventando una historia, es fácil pensar que simplemente están entretenidos. Sin embargo, detrás de cada juego hay un proceso de aprendizaje que ocurre de manera natural.

El juego es una de las primeras formas que tienen los niños para conocer el mundo. A través de él exploran, prueban, se equivocan, vuelven a intentarlo y descubren nuevas posibilidades.

No necesitan entender conceptos complejos para aprender. Muchas veces, basta con tocar, mirar, escuchar y moverse para comenzar a construir nuevas habilidades.

¿Qué aprende un niño mientras juega?


Aunque cada actividad parece diferente, el juego puede ayudar a desarrollar distintas áreas al mismo tiempo.
El cuerpo. Al gatear, caminar, saltar o apilar objetos, los niños ponen en práctica el equilibrio, la coordinación y el control de sus movimientos.
La mente. Resolver cómo encajar una pieza, encontrar un objeto escondido o repetir una acción para ver qué sucede estimula la curiosidad y la capacidad de resolver pequeños problemas.
El lenguaje. Cuando un adulto conversa durante el juego, nombra objetos, hace preguntas sencillas o responde a los sonidos del niño, se crea un espacio rico para la comunicación.
Las emociones. No siempre las cosas salen como esperan. Una torre puede caerse o un juguete puede no funcionar a la primera. Esos momentos también ayudan a aprender a manejar la frustración y a volver a intentarlo.
Las relaciones. Jugar con otros niños o con la familia enseña poco a poco a esperar turnos, compartir y disfrutar de experiencias en compañía.

El juego no siempre necesita juguetes


A veces pensamos que para estimular a un niño necesitamos comprar muchos juguetes. Pero algunas de las experiencias más valiosas pueden surgir de cosas muy sencillas.
Una caja de cartón puede convertirse en una casa, un carro o un escondite. Una canción puede invitar a mover las manos y los pies. Un libro con imágenes puede despertar una conversación. Incluso una caminata por el parque puede convertirse en un juego de observar colores, sonidos y formas.
Lo más importante no es el objeto, sino la oportunidad de explorar.

Juego libre y juego acompañado

Los niños también necesitan momentos para jugar por iniciativa propia. El juego libre les permite decidir qué hacer, cuánto tiempo dedicarle y cómo transformar una idea.

Al mismo tiempo, compartir el juego con un adulto puede enriquecer la experiencia. No hace falta dirigir cada paso. Muchas veces basta con sentarse cerca, observar y participar cuando el niño lo invita.

En lugar de decir constantemente qué hacer, podemos hacer preguntas sencillas como:

  • “¿Qué encontraste?”
  • “¿Dónde crees que va esta pieza?”
  • “¿Quieres intentarlo otra vez?”

Así acompañamos sin quitarles la oportunidad de descubrir por sí mismos.

Cinco ideas sencillas para jugar en casa

1. Esconder y encontrar. Oculta un juguete parcialmente y anímalo a buscarlo.

2. Canciones con movimientos. Acompañar una canción con palmas o movimientos ayuda a conectar ritmo y movimiento.

3. Construir y derribar. Apilar bloques o vasos y después derribarlos es una actividad sencilla que muchos niños disfrutan.

4. Mirarse en el espejo. Hacer gestos, sonreír y nombrar partes del cuerpo puede convertirse en un juego de descubrimiento.

5. Explorar la naturaleza. Hojas, flores, piedras y sonidos del entorno ofrecen muchas oportunidades para observar y conversar.

Acompañar sin controlar

Como padres o cuidadores, a veces queremos ayudar demasiado rápido. Si una pieza no encaja, podemos sentir la necesidad de resolverlo inmediatamente.

Pero dar unos segundos para que el niño pruebe puede ser muy valioso. Intentar, equivocarse y volver a hacerlo forma parte del aprendizaje.

Acompañar no significa hacer las cosas por ellos. Significa estar presentes mientras descubren que pueden hacerlo.

Lo que podemos aprender

La infancia está llena de pequeños momentos que muchas veces pasan desapercibidos. Una risa, una torre que se cae o una mano que intenta alcanzar un objeto pueden parecer cosas sencillas, pero son parte de un proceso de crecimiento enorme.

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